Memoria histórica Desenterrando la Barcelona anarquista

 

En la Plaza Castilla quedaba la Bonaplata, primera fábrica que incendiaron los obreros anarquistas

Pero al caminar por las angostas callejuelas de barrios como El Raval o Gótico, hoy por hoy eminencias turísticas, se divisan los pequeños vestigios del movimiento obrero anarquista, que tuvo su auge a finales del siglo XIX y las dos primeras décadas del XX.

Plaza de Castilla

Mientras tomamos un café en la Plaza de Castilla, parte alta de El Raval, recita de memoria que entre 1800 y 1850, la ciudad pasó de tener de 80  mil habitantes a 200mil. Luego, en 1900 ya vivían 500 mil personas y treinta años después aumentaron a un millón. “En el siglo XIX, Barcelona era una ciudad amurallada conformada por tres barrios donde los obreros y sus familias se amontonaron”, continúa

Miguel. Entonces surgieron las calles estrechas que rompían con la cuadrícula, pues la gente construía donde podía.

 

«Los obreros fueron los principales responsables del acelerado crecimiento de la población en Barcelona, pues con la llegada de la industrialización en el siglo XIX, mucha gente migró del campo a trabajar en las fábricas en busca de una mejor calidad de vida.»

 

Estas condiciones de vida a las que a la gente que venía de la montaña le costaba adaptarse fue el detonante de la incursión de las ideas anarquistas a Barcelona y la posterior conformación de sindicatos. El aglutinamiento de estas familias de clase trabajadora dio lugar a un gran número de epidemias ya que compartían espacios muy pequeños en las fábricas donde laboraban. Además las recién llegadas máquinas de vapor colmaban de humo los pulmones de los asalariados, que pasaban encerrados 14 horas por un sueldo precario.

Como en esa época no existía ningún tipo de legislación social para el trabajador, los empresarios hacían casi lo que querían con sus empleados.
Miguel ha leído que había medidas de control estrictas ya que al campesino le era difícil acostumbrarse al ritmo de la ciudad. “Por ejemplo, estaba prohibido hablar con el compañero de al lado o no permitían pararse más de5 metros del puesto de trabajo. No importaba tampoco si alguien se enfermaba o se rompía un brazo. Lo despedían y contrataban a otro”.

Toda esta serie de condiciones inhumanas hizo que el descontento de los obreros creciera hasta el punto de tomar medidas extremas. La creación de sindicatos y asambleas vendría más adelante: lo primero fue quemar fábricas.

 

La Bonaplata: primera en arder

 

No es coincidencia que estamos sentados en la Plaza de Castilla. Miguel nos ha citado aquí para hablarnos de lo que había antes en esta plaza. En el siglo XIX quedaba aquí la fábrica Bonaplata, la primera en ser incendiada por una multitud enfurecida de obreros. Su ejecución fue en 1835. Se le acusó de albergar a la primera máquina de vapor en Barcelona, principal enemiga de los trabajadores, pues despedían a veinte para que ella los reemplazara. En la quema murieron cinco trabajadores y  la fábrica no volvió a funcionar.

La antigua casa-fábrica Magarola estaba en la calle Tallers 22.

Actualmente el espacio de la Bonaplata lo ocupa una iglesia y en la grama de la plaza ya casi no se ven obreros, como sí universitarios y turistas. Abundan cafés y restaurantes, pero nada alusivo que haga memoria  al incendio de aquel día. De hecho es muy poco lo que se conserva físicamente de esos tiempos en  que los trabajadores se resistían a las dinámicas capitalistas que apenas incursionaban en la sociedad.

Las organizaciones anarquistas no tienen para pagar por un monumento, una estatua y difícilmente el gobierno dejaría que la pusieran. Lo que  hay son pequeñas placas talladas en la pared donde se lee que antes quedaba en ese lugar una escuela, fábrica, etc.


Esta placa rememora la antigua sede del Ateneo Enciclopédico Popular

Son pequeñas y apenas se notan, por eso como periodistas creemos pertinente visibilizar esas locaciones.

Mediante la escritura y un recorrido por la ciudad antigua, haremos memoria de los primeros migrantes que contribuyeron a un crecimiento desaforado de Barcelona. Con la ayuda de Miguel, desenterraremos el pasado anarquista de Barcelona caminando por los  lugares más emblemáticos de este movimiento social.

De casa – fábrica a Ateneo Obrero

De la Plaza de Castilla nos movimos a la calle Tallers, para que nos cuente un poco sobre la que antes era la Casa   Magarola . “ Antes de la industrialización, no había fábricas gigantes como las de ahora, sino casas – fábricas, es decir casas residenciales que eran adaptadas para la fabricación de diferentes materiales”, relata Miguel. “Magarola fue la primera casa  fábrica,  construida  en  el  siglo XVIII.  En su interior se realizaban tejidos de algodón estampados, pero con la llegada de la industrialización y el auge de las ideas anarquistas, la cerraron en 1790”. Posteriormente, en la década de 1900, la casa-fábrica fue ocupada por obreros sindicalistas y la convirtieron en un ateneo donde dictaban cursos para trabajadores y también redactaban e imprimían una revista anarquista.

 

«El Ateneo Enciclopédico funcionaba como una especie de Universidad Popular, donde las clases eran gratuitas y se daban talleres de sobre sexualidad.»

 

Hoy en día, es una residencia más de la parte alta de El Raval, y aunque conserva su fachada neoclásica con  un portón gigante, los grafitis dibujados en la parte inferior le dan el atmósfera de la época actual.

 

Educación para la clase obrera

 

De la calle Tallers nos fuimos a la Rambla y bajamos hasta la calle del Carme, también en El Raval. Allí se fundó en 1903 el Ateneo Enciclopédico Popular, primer centro educativo para los trabajadores. Miguel nos cuenta que inicialmente se les enseñaba a leer y escribir y se dictaban talleres en la noche, cuando los obreros salían de trabajar. Pero después el centro fue evolucionando hasta ser la sede de conferencias de intelectuales de la talla de José Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno.


Escuela Moderna. Foto tomada del archivo de la Fundació Ferrer i Guardia

El Ateneo Enciclopédico funcionaba como una especie de Universidad Popular, donde las clases eran gratuitas y se daban talleres de sobre sexualidad, tema que era un tabú para la iglesia católica, monopolizadora de la educación en aquella época.

El lugar fue clausurado durante la dictadura franquista. Luego sería reabierto con nueva sede en el Pasaje Sant Joan, donde actualmente se encuentra, pero ahora funciona más como un centro de documentación histórica que como el ateneo de educación para la clase trabajadora que solía ser.

Pero nunca fue de corte totalmente anarquista. “Fue una especie de conciliación de ideologías entre anarquistas, socialistas (marxistas), republicanos e incluso espiritistas, en otras palabras todo el que estuviera en contra del poder de la iglesia católica en la enseñanza”, dice Miguel. La que sí fue de corte cien por ciento anarquista estaba ubicada en la calle Bailen 56, donde nos desplazaremos ahora.

 

Primera escuela anarquista

 

En 1901, el pedagogo Francesc Ferrer i Guardia fundó la Escuela Moderna. A diferencia del Ateneo Enciclopédico, esta escuela era manejada solo por anarquistas, lo que quiere decir que se eliminó el principio de autoridad. “El profesor era igual a los alumnos. En lugar de imponer mediante l a enseñanza, lo que hacía era acompañar. Por ejemplo, si veía que el aprendiz tenía interés sobre cierto tema él lo orientaba. Algo muy parecido a las  pedagogías más innovadoras de hoy en día”, afirma Miguel. Un dato curioso: fue la primera escuela donde sentaron a niños y niñas en un mismo salón.La escuela funcionaría hasta 1906, pues en ese año fue cerrada después de que un anarquista llamado Mateo Morral, lanzó una bomba que iba para el rey Alfonso XIII pero una línea eléctrica del tranvía la desvió y causó la muerte de 26 personas. No era la primera vez que un anarquista explotaba una bomba en Barcelona, por eso ahora nos desplazaremos a la Gran Vía y calle Muntaner, donde Miguel hará memoria del primer atentado.

 

Atentado en la Gran Vía

 

Era 1893 y el pueblo se aglutinaba en los costados la Gran Vía para ver pasar el desfile militar. Cuando por la altura de la calle Muntaner pasaba en su caballo el Capitán General Martín del Campo, se oyó una explosión que escandalizó a la muchedumbre. Desde las entrañas de la multitud, el anarquista Paulino Pallars lanzó una bomba Orsini a las patas del animal. El capitán cayó herido al suelo, mientras Pallars tiró una gorra al aire y gritó

 


En la Gran Vía y Calle Muntaner, Mateo Morral detonó una bomba que mató a 26 personas.

¡Viva la anarquía!

Inmediatamente fue capturado y mandado a fusilar. Pero su ejecución no atemorizaría a ningún anarquista para efectuar una acción similar posteriormente, sino todo lo contrario: en el mismo año, tres meses después, explotarían otra Orsini en el Liceu.


Desde la parte de arriba del Liceu, Santiago Salvador lanzó dos bombas sobre el público

 

Cuando la sangre corrió por el teatro

 

Estaban presentando en el Liceu la ópera de Guillermo Tel y desde la parte de arriba del teatro Santiago Salvador lanzó dos bombas sobre la platea. La primera no estalló. La segunda mató a 20 personas.

“La diferencia de este atentado con respecto al que perpetuó Pallars es que Salvador no tuvo un objetivo específico al cual apuntarle”, explica Miguel. “Indiscriminadamente mató a dos decenas de personas e intentó justificarse diciendo que era un ataque a la burguesía”.

 

«Como el Estado español estaba respondiendo con mucha más violencia a los ataques anarquistas que antes, el movimiento obrero abandonó ese modo de lucha.»

 

Los constantes ataques de anarquistas, ya no solamente contra las autoridades sino contra el ciudadano de a pie que corriera la  mala suerte de estar presente en el momento del estallido, no cesarían hasta principios del siglo XX, cuando hubo una detención masiva. “La policía entonces hace una redada y detiene a casi mil personas acusándolas de simpatizantes del anarquismo”, afirma Miguel.  “Son  llevadas  a  Montjuic  y    torturadas durante días . Posteriormente liberan a la mayoría, dejando presos a 62 y asesinando a 5, aunque años después se supo que no tuvieron ninguna participación en los atentados. Solo querían tener a quién echarle la culpa.”

Como  el   Estado  español  estaba respondien do con mucha más violencia a los ataques anarquistas que antes, el movimiento obrero abandonó ese modo de lucha a principios del siglo XX y empezaron a conformar sindicatos. “Anteriormente se oponían a organizarse de esta forma tan propia de los socialistas,

pues para el anarquismo no debían existir las jerarquías, pero era la única forma posible de continuar su protesta”, dice Miguel.

 

El feminismo da sus primeros pasos

 

Nos desplazamos a la calle de la  Unión número 7. Actualmente hay un restaurante de pollo asado, pero entre los  años  1887  y  1891  funcionó  la   asociación Mujeres Libres . Gratuitamente, las trabajadoras llegaban allí después de su trabajo a aprender a leer y a escribir.

También fue la primera vez en Barcelona que se habló de explotación de género, pues hasta entonces las mujeres no eran conscientes de que aunque se hablara de igualdad de libertades, en el hogar continuaban siendo ellas las oprimidas.


Calle de la Unión 7, lugar de la primera escuela feminista

Fusilamiento en la Rambla de El Raval

 

Aunque físicamente solo queda una pequeña placa con su cara esculpida frente al Hotel Barcelona, vale la pena reivindicar la memoria de un libre pensador que fue asesinado en ese lugar frente a la Rambla de El Raval sin haber tirado siquiera una piedra.


Placa ubicada en la Rambla de El Raval en homenaje al Noi del Sucre.

Salvador Seguí fue un anarcosindicalista reconocido por su pacifismo, pues siempre abogaba por la lucha mediante los sindicatos en lugar de la vía armada. Cuenta Miguel que Seguí era conocido como el noi del sucre (‘el niño del azúcar’, en catalán) por un hecho muy particular: “Trabajaba en calle Parallel, donde estaban todos los bares. En aquel momento no había televisión, entonces la gente se concentraba en los bares y había tertulias políticas. Cuando era un chaval, iba a los bares vendiendoazucarillos, dulces, cacahuetes, etc. mientras escuchaba a los grandes sindicalistas hablar de política. Esa fue su escuela. Cuando se hizo mayor, empezó a sentarse en las mesas a hablar, y fue muy conocido como gran orador dentro de los sindicatos anarquistas. Donde la gente le veía, preguntaban ‘¿y este quién es?’

pues el noi del sucre, el que nos vendía los azucarillos cuando era un chaval. O sea que fue un tío muy importante por lo autodidacta, pues nunca fue al colegio, y llegó a ser un gran líder sindical”.

Por su pacifismo es que a los anarquistas les pesa tanto su muerte. Entre 1918 y 1923 hubo un periodo que se conoce como el pistolerismo, cuando los empresarios contrataban pistoleros para que mataran sindicalistas. Pero no Seguído, que en el último año del pistolerismo fue asesinado de un disparo mientras pasaba por la calle Cadena, a la altura de la Rambla de El Raval.

 

***Aclaramos que con este recorrido por los lugares emblemáticos del movimiento obrero anarquista no queremos hacer apología a los atentados realizados por algunos de sus miembros.

Solo esperamos haber desenterrado un poco del pasado anarquista que es parte importante a la hora de hablar sobre la expansión de Barcelona.

 

 

Juan Sebastian Toro y Nathaly Rodriguez

 

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